Lo someto a consideracion de ustedes:
sábado, 20 de septiembre de 2014
LA DISTINCIÓN ENTRE EL REINO Y LA ASAMBLEA (IGLESIA)
Aqui les tengo un articulo del Apologista, que recibi en febrero del 2010, con relacion al concepto de REINO Y ASAMBLEA, son iguales o diferentes.
Lo someto a consideracion de ustedes:
Reino e Iglesia--¿Són sinónimos?
Muchos creen que los términos “reino” y
“asamblea” (iglesia) son sinónimos. Ellos dicen que el reino incluye los
miembros de la asamblea, y que la asamblea se compone de miembros del reino.
Otros declaran que la asamblea es la forma visible del reino de Cristo, pero
algunos creen que es la forma invisible y a la vez reconocen que la forma
invisible tiene sus formas visibles. Así, la discusión caliente continúa sin
luz espiritual.
Se puede entender la asamblea en un doble sentido
— la asamblea universal y las asambleas locales. Pero el reino no se puede
dividir en reinos locales. La palabra asamblea se usa en el sentido de incluir
todos los que están siendo progresivamente añadidos a la asamblea por
Jesucristo. El verbo “edificaré” de “edificaré mi iglesia [asamblea]” (Mat.
16:18) es progresivo futuro activo indicativo del verbo oikodomeo. Así que,
denota que Cristo está continuamente edificando Su asamblea durante el período
del tiempo entre Sus dos venidas. La palabra asamblea se usa también en el
sentido de una asamblea local (Mat. 18:15-20). Cada asamblea local tiene la
responsabilidad de congregarse en el tiempo designado por Dios para adorar y
resolver sus problemas cuando vengan. Las asambleas locales pueden aumentar y
disminuir según las circunstancias de la providencia Divina, pero la asamblea
que Cristo continúa edificando aumenta pero nunca disminuye. Por otra parte, la
palabra “reino” nunca se puede usar en el sentido de asambleas locales, porque
Cristo no tiene reinos en el sentido que Él tiene asambleas y anda entre ellas
(Apoc. 1:13). Los reinos de este mundo no se pueden igualar con las asambleas
de Cristo (Rom. 16:16). La Escritura nunca dice que los reinos saludan a
Cristo. Solo hay cuatro referencias donde se usa la palabra reino en el número
plural, y ellas refieren a los reinos de este mundo (Mat. 4:8; Luc. 4:5; Heb.
11:33; Apoc. 11:15).
La Iglesia como heredera del Reino
Los Cristianos pertenecen a la asamblea que
Cristo está edificando, pero somos los herederos del reino futuro. El
sustantivo kleronomia significa propiedad, posesión, lo que es prometido, o una
herencia. Pablo usó este sustantivo cuando habló del Espíritu Santo siendo las
arras (arrabon, prenda o la garantía de lo que ha de venir) de una liberación
futura (Ef. 1:14). Él usó el sustantivo kleronomos, que significa un heredero,
cuando dijo, “Y puesto hijos, también herederos; por una parte herederos de
Dios, por otra parte coherederos con Cristo...” (Rom. 8:17 — traducción). Así
que, el apóstol precedió de la posesión a los posesores. Un heredero es uno que
tiene el derecho de heredar algo, pero un heredero del reino futuro de Cristo
está seguro de que también por el Espíritu de la regeneración él recibirá la
liberación final en o será guardado sin riesgo para el reino que será para
siempre. Las asambleas locales están en el presente, pero el reino es futuro.
Dios es el único agente en Efesios 1:1-14 — (1)
el Padre propuso; (2) el Hijo proveyó los medios para efectuar el propósito del
Padre; y (3) el Espíritu Santo es el vivificador y la promesa de la salvación
completa de los elegidos. Como un heredero recibe legalmente toda la propiedad
asignada a él en una testamento, los elegidos de Dios reciben todo lo que Dios
decretó para ellos en la muerte de Jesucristo. (Véase Heb. 9:11-28.) Como los
elegidos reciben la vida eterna por el derecho de la herencia garantizada por
la muerte de Cristo en el Calvario, Cristo vive como el ejecutor para efectuar
Su voluntad: “Por otro tanto también, Jesús ha llegado a ser [perfecto activo
indicativo de ginomai, que significa Jesús ha llegado a ser permanentemente]
fiador [egguos, un adjetivo actuando como un sustantivo, usado solamente aquí
en el Nuevo Testamento como un adjetivo pronominal] de un mejor pacto” (Heb.
7:22 — traducción). El carácter inmutable del sacerdocio de Cristo da una
garantía permanente de un mejor pacto. El lado legal de afianzamiento es más
fuerte cuando el fiador llega a ser el sustituto para el deudor por tener la
deuda cobrada a sí mismo y el deudor liberado. Ambos la vida eterna y el reino
son garantizados a los elegidos. La Escritura dice, “Entonces el Rey dirá a los
de su derecha: Venid, vosotros que habéis sido bendecidos [perfecto pasivo
participio de eulogeo, habiendo sido permanentemente bendecidos] de mi Padre,
venid a la posesión del reino que ha sido preparado [perfecto pasivo participio
de hetoimadzo, que significa ha sido preparado permanentemente] para vosotros
desde la fundación del mundo” (Mat. 25:34 — traducción). El reino es preparado
permanentemente porque las ovejas son permanentemente bendecidas. Estos dos
verbos perfectos pasivos participios (acción completa en el tiempo pasado con
un estado resultante de ser) dan a los Cristianos judíos y gentiles una
esperanza que nunca los avergonzará (Mat. 25:34; I Tes. 2:12). Mateo habló a
los judíos, diciéndoles que el reino es garantizado a otros menos a quienes
Jesucristo habló. Su proclamación aplica a los judíos y gentiles elegidos a
quienes Cristo hablará en Su segunda venida.
El Craso error del Catolicismo
Un entendimiento de la naturaleza de ambos el
reino y la asamblea mostrará que ellos no pueden ser términos sinónimos. El
siguiente es un resumen de los puntos de vista importantes de la teoría del
reino/asamblea (reino/iglesia): (1) Los católicos romanos dicen que la Iglesia
Católica Romana es el reino visible de Cristo sobre la tierra. (2) Los
reformadores están unidos en la enseñanza de que la asamblea es universal e
invisible. Ellos toman una posición firme contra la Iglesia Católica Romana.
(3) Muchos que ni son reformadores ni católicos romanos dicen que la asamblea
es la manifestación visible del reino de Dios sobre la tierra. Aquellos que
creen en este punto de vista están divididos entre aquellos que toman un
concepto estricto local y los otros que adoptan el concepto universal/local de
la asamblea. Una cosa que tienen en común es el punto de vista erróneo que las
llaves del reino en Mateo 16:19 denotan la autoridad dada a la asamblea para
ser ejercida por ella sobre la tierra en el tiempo presente.
Habiendo resumido los puntos de vista importantes
de la teoría de reino/asamblea (reino/iglesia), debemos declarar
categóricamente que la asamblea de Cristo en ninguna manera se puede llamar un
reino. La asamblea está siendo llamada fuera; y como los herederos del reino,
estamos siendo preparados para el reino. Además, las “llaves del reino” de
Mateo 16:19 no tienen más que ver con las asambleas locales imperfectas que el
Papa de Roma tiene que ver con la asamblea que Cristo continúa edificando.
Los No Regenerados rechazan el Reinado de Cristo
Aquellos que mal entienden la naturaleza del
reino tienen, según su punto de vista de Mateo 11:12, el no regenerado pasivo
que violentamente entra al reino. Algunos dicen que puesto que el evangelio del
reino se ha predicado, hay una prisa hacia él. Sin embargo, Cristo dijo, “Y no
queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:40); y “ninguno es capaz
venir a mí, a menos que el Padre que me envió le trajere” (Juan 6:44 —
traducción). “...No hay quien busque a Dios” (Rom. 3:11). Así que, los no
regenerados están sin esperanza en el reino venidero, porque el Rey Mismo no
tiene atracción para ellos. “Porque todos que practican cosas malas aborrecen
la luz, y no vienen a la luz, para que sus obras no sean expuestas” (Juan 3:20
— traducción). Durante el ministerio de Jesucristo, el Predicador de todos los
predicadores habló una parábola en la que Él indicó lo que los no regenerados piensan
de Su reinado — “No deseamos que este hombre reine sobre nosotros” (Luc. 19:14
— traducción).
Evidencias de que el Reino es distinto a la
Iglesia
La sustitución del término reino (basileia, que
es reinado) para asamblea (ekklesia, que es un llamar fuera), o viceversa,
donde se encuentran en el Nuevo Testamento probará que ellos no son términos
sinónimos. Hay doce referencias al reino en las Epístolas para las asambleas, y
para sustituir la palabra asamblea para el reino o para hablar del reino/asamblea
(reino/iglesia) en cada ejemplo demostrará cuán ridículo es hacer los términos
uno mismo. Los siguientes son algunos ejemplos de tales sustituciones:
1. Sustituir basileia para ekklesia en Mateo
16:18 — “...tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi ‘reino’....” Puesto
que “edificaré” es la traducción de un verbo griego futuro progresivo, ¿cómo
puede Jesucristo, según aquellos que dicen que el reino ha llegado, continuar
edificando lo que Él ha recibido ya del Padre? (Véase Luc. 19:11-15; II Tim. 4:1.)
2. Sustituir basileia para ekklesia en Filipenses
3:4 y 6 — “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa
que tiene de qué confiar en la carne, yo más.... En cuanto a celo, perseguidor
de la ‘reino’....” ¿Cómo pudiera haber perseguido Pablo el reino de lo que
luego dijo, “Y el Señor me rescatará de toda obra mala, y me preservará [futuro
activo indicativo de sodzo, que significa salvar, liberar, o guardar uno seguro
para] para su reino celestial...” (II Tim. 4:18 — traducción)?
3. Sustituir ekklesia para basileia en Lucas
12:32 — “No temáis, manada pequeña; porque a vuestro Padre le ha placido
[eudokesen, aoristo activo indicativo de eudokeo, que significa tener placer
en, escoger, o determinar] daros ‘la asamblea’.” El Padre escogió (determinó)
dar el reino a Su manada pequeña ya siendo llamada a la asamblea. Por lo tanto,
como los miembros de la asamblea de Cristo que Él está edificando, somos los
herederos del reino. (Véase Sant. 2:5; II Ped. 1:10, 11.)
4. Sustituir ekklesia para basileia en Mateo
16:19 — “Y a ti te daré las llaves de la ‘asamblea’ de los cielos.” Si la
autoridad denotada por las llaves del reino se da a las asambleas del pueblo de
Dios hoy en día, ¿significa que lo que la asamblea atare en la tierra es
entonces atado en los cielos y lo que la asamblea desatare en la tierra
entonces será desatado en los cielos? ¿Es la acción de Dios en los cielos Su
reacción a nuestra acción en la tierra? Puesto que esto se enseña usualmente en
el Cristianismo profesante, no hay que sorprenderse de que los religiosos estén
diciendo al pecador que debe abrir su corazón, dejar entrar a Jesús, etcétera.
Sin embargo, las Escrituras enseñan que la acción del hombre en la tierra es su
reacción a la acción de Dios en los cielos. Cualquier estudiante honesto de la
Escritura sabe que ambos “será atado en los cielos” y “será desatado en los
cielos” son perfectos pasivos participios de los verbos griegos deo y luo, que
se deben traducir “habrá ya sido atado en los cielos” y “habrá ya sido desatado
en los cielos.” Alguien que piensa que la acción de Dios depende en la acción
del hombre no entiende las ciencias de la teología (Dios), la antropología
(hombre), o la soteriología (salvación).
El Reino como Herencia
El reino no es dado a los elegidos en el momento
que nacemos de Dios; pero habiendo llegado a ser creyentes, somos dichos ser
llamados a algo todavía no realizado en la experiencia Cristiana. Siendo
miembros de la asamblea de Cristo, los Cristianos son los herederos mandados a
ser diligentes en hacer firmes nuestra vocación y elección, porque hacer estas
cosas nos será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro
Señor y Salvador Jesucristo (II Ped. 1:10, 11). Los escogidos, redimidos, y
regenerados son legalmente en el reino (Col. 1:13) antes de realmente heredarlo
(Sant. 2:5). Cada persona elegida legalmente pero no literalmente murió con
Jesucristo (Gál. 2:20). Cuando Cristo murió, Su justicia fue imputada a cada
individuo por quien Él murió. Esa justicia es impartida a los elegidos en la
regeneración. Puesto que nunca se podría decir que la “asamblea” es el heredero
de la “asamblea” o el “reino” es el heredero del “reino,” entendemos que
Jesucristo se dio a Sí Mismo por la asamblea que Él está llamando fuera por el
Espíritu Santo de modo que Él, en su terminación, reinará con ella en el reino.
La ekklesia representa lo que Jesucristo está
haciendo entre Sus dos venidas. Lucas dio un informe de la conferencia de
Jerusalén en que nosotros aprendemos lo que presentemente está pasando y lo que
es la esperanza profética del pueblo de Dios (Hech. 15:13-18). Algunos
creyentes judíos insistieron sobre la necesidad de circuncidar a los gentiles.
Los judíos fueron lentos para aprender que la ley se dio no para cumplirse para
salvación sino para probar que no se podría cumplir para ese fin, “porque por
medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom. 3:20). Aunque la
liberación del pecado presupone un cautiverio en lo que toda la humanidad está
involucrada, la salvación no es una recompensa de mérito sino el don de gracia.
En algún punto futuro en el tiempo, Jesucristo
volverá personalmente (Juan 14:1-3; Hech. 1:9-11). Ninguna de las ocho
referencias al reino en el libro de Hechos refiere a un reino establecido. En
Hechos 15:16, el “volveré” es tan literal como el “el tabernáculo [tienda] de
David.” El ministerio presente de Cristo como sumo Sacerdote no está conectado
con el trono de David pero con el trono del Padre (Apoc. 3:21). Es cierto que
en Hechos 15 Santiago trataba con un problema en cuanto a la asamblea
primitiva. Pero él también hacía una declaración profética subsiguiente a la
edad de la asamblea; por lo tanto, él refirió al regreso personal y visible de
Jesucristo. Santiago trató con el hecho que los elegidos judíos y gentiles
salvados después de la primera venida de Jesucristo constituyen la asamblea.
Además, la asamblea más los judíos y los gentiles elegidos quienes serán salvos
en preparación para y en el tiempo del establecimiento del reino en la segunda
venida de Cristo culminarán la obra de Cristo (Hech. 15:14-18; Apoc. 7:4-17).
Puesto que varios puntos de vista de Hechos
15:14-18 son dados por los estudiantes de la profecía, no discutiremos estos en
este punto de nuestro estudio del reino de Dios. Sin embargo, se deben dar dos
cosas importantes: (1) La ekklesia está siendo edificada por Dios por tomar de
los gentiles pueblo para Su nombre (vers. 14). (2) Dios reedificará la tienda o
tabernáculo destruido de David en algún tiempo en el futuro. Por lo tanto, la
reedificación de la tienda de David no puede ser, como muchos afirman, la
asamblea que Dios está usando para predicar el evangelio a los gentiles.
Jesucristo se dio a Sí Mismo por la asamblea, y
Él también hizo provisión para su crecimiento espiritual. El aspecto local de
la asamblea fue débil en el gobierno de la asamblea en su inicio e historia
primitiva porque faltó una forma constituida de gobierno (Hech. 6:1-6; 14:23;
20:28-30; Ef. 4:11-16; I Tim. 5:17-19; Heb. 13:7, 17, 24). Además, las
asambleas locales nunca pueden alcanzar la estatura de fortaleza bajo el
gobierno humano ejecutado por siervos imperfectos en las asambleas locales que
la asamblea completa experimentará bajo el gobierno perfecto por Jesucristo
durante el reino (Isa. 9:6).
La Iglesia no Reemplaza a Israel
La elección no puede pasar de Israel a la
asamblea, así haciendo a la asamblea el nuevo Israel de Dios. Dios no eligió
solamente la nación de Israel, sino también eligió a algunos para la salvación
desde adentro de Israel nacional. Los gentiles escogidos para la salvación son
injertados en la raíz (Israel espiritual) (Rom. 11:17-19) para el propósito de
participar de sus bendiciones espirituales. Así que, la elección de Dios de
algunos para la salvación en Cristo no puede pasar de ellos a otros no más que
la gracia puede pasar de uno a otro. Lo que Dios propuso será hecho; por lo
tanto, todos los que Él propuso salvar fueron conocidos de antemano,
predestinados, y serán llamados, justificados, y glorificados porque a ellos
fueron dados la gracia en Jesucristo antes de los tiempos de los siglos (Rom.
8:28-30; II Tim. 1:9).
La elección se usa más que una manera en la
Escritura; por lo tanto, un tipo de elección no puede transferir a otro de un
tipo diferente. Por ejemplo, la elección de Israel nacional no se puede
transferir a la asamblea. El propósito de Dios es cumplido en cada sentido en
que la elección se usa. Observen unas maneras en que la elección se usa en la
Escritura: (1) Jesucristo fue escogido para ser el buen Pastor, el gran Pastor,
y el Príncipe de los pastores de los que eligió para ser Sus ovejas (I Ped.
2:4, 6; Sal. 22-24; Juan 10:11, 14; Heb. 13:20; I Ped. 5:4). (2) La nación de
Israel se escogió a una relación de pacto para el propósito de dar ambos la
Palabra encarnada y la palabra escrita (Rom. 1:3, 4; 3:1, 2). Además, la nación
se escogió con un vista del reino. Concluyentemente, los pactos y las promesas
se dieron a los judíos (Rom. 9:4, 5). La salvación se dio primeramente a los
judíos y entonces a los gentiles. Los gentiles escogidos heredarán el reino
futuro con los descendientes escogidos de Abraham. (3) Algunos son escogidos de
entre toda la humanidad para ser redimidos por Cristo, para ser regenerados por
el Espíritu Santo, y para llegar a ser herederos del reino. “Bienaventurado el
que tú [el Señor] escogieres...” (Sal. 65:4). Cristo llama a Sus ovejas por sus
propios nombres (Juan 10:3, 16). (4) El escogimiento de Dios a veces significa
la designación temporal de alguna persona o personas al cumplimiento de algún
oficio particular en una asamblea local o en la vida civil, tal como Judas en
el primero (Juan 6:70) y Saúl en el último (I Sam. 10:24). ¿Quién puede decir
que cualquiera de estos escogimientos ha fracasado o fracasará en realizar el
propósito eterno de Dios? Aunque el propósito de Dios ha sido cumplido en ambos
Judas y Saúl, nadie, según Romanos 11 y Apocalipsis 7, puede decir que el
propósito de Dios en Israel nacional ha sido cumplido.
Jesucristo ha ido al cielo para recibir el reino,
no la asamblea, del Padre. Hay poco acuerdo en cuanto al principio del reino
como hay en cuanto al significado del reino. Algunos creen que el reino comenzó
con la primera venida de Cristo; otros creen que comenzó en el día de
Pentecostés; y algunos creen que comenzará en la segunda venida. El reino no ha
sido manifestado, porque el propósito del Padre fue que Su Hijo debería ser
honrado y glorificado en el cielo antes que debería ser honrado sobre la
tierra. Cuando Cristo recibe el reino, no estará del lado terrenal sino del lado
celestial. Así, Lucas 19 enfatiza el recibir del Señor arriba al cielo. Él ha
ido al cielo para recibir Su reino del Padre, no de los religiosos que siempre
hablan del introducir el reino.
La parábola del hombre noble se añadió al mensaje
de Cristo en cuanto al propósito de Su primera venida. Siguiendo Su declaración
que Él vino “a buscar y salvar lo que ha sido perdido [apololos, perfecto
activo participio de apollumi, perder o ser perdido]” (Luc. 19:10 —
traducción), Cristo se representó a Sí Mismo como un hombre noble que “se fue a
un país lejano para recibir [labein, aoristo activo infinitivo de lambano,
recibir, para obtener el derecho de] para sí mismo [heauto, dativo masculino
singular pronombre de heautou, un pronombre reflexivo significando sí mismo que
hace la voz media posible] un reino, y volver” (Luc. 19:12 — traducción).
El Reino se hará realidad en la Segunda Venida de
Cristo
La segunda venida de Cristo es la esperanza
bienaventurada de la asamblea (Tito 2:13). La esperanza del Cristiano incluye
la venida de Cristo y Su reino que son amalgamados en II Timoteo 4:1. Si el
reino estuviera ya presente, como muchos declaran, “la esperanza que se ve no
es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿por qué también lo espera?” (Rom. 8:24
— traducción). Aquellos que dicen que el reino no vendrá con advertencia añaden
más confusión a lo que ya causa confusión por decir que esto prueba que es un
reino espiritual. Así que, ellos tienen un rey espiritual no visto que reina
sobre un reino espiritual no visto compuesto de súbditos espirituales no
vistos. Concluyentemente, en la distinción entre el reino y la asamblea, ¿cómo
puede la gente que dice que ya está en el reino orar por su venida? Cristo
enseñó a Sus discípulos a orar, “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra” (Mat. 6:10). El reino de Cristo no vendrá a la
tierra hasta que Él termine Su asamblea. La esperanza bienaventurada de los
Cristianos de Jesucristo y Su reino nunca nos avergonzará.
Durante la primera venida de Jesucristo, el
Salvador dejó a un lado a Israel nacional hasta Su segunda venida. Según Mateo
16, los judíos fueron conocedores de las señales del tiempo; pero ellos fueron
espiritualmente incapaces de discernir las señales que relacionan con la
Persona de Jesucristo. La inteligencia natural puede entender los fenómenos
naturales, pero solamente la mente espiritual puede comprender los hechos
espirituales en cuanto a la Persona y la Obra del Hijo del Dios viviente. Los
primeros versículos de Mateo 16 manifiestan la ceguera de los corazones
religiosamente depravados de los fariseos y los saduceos. Cristo les había
dicho, “Señal no le será dada sino la señal del profeta Jonás” (Mat. 12:39).
Esta fue una profecía de Su muerte, sepultura, y resurrección. Por lo tanto,
ninguna señal mayor se puede dar para validar Su Persona y Obra, así probando
que la “salvación es de Jehová” (Jon. 2:9).
Lo someto a consideracion de ustedes:
Reino e Iglesia--¿Són sinónimos?
Muchos creen que los términos “reino” y
“asamblea” (iglesia) son sinónimos. Ellos dicen que el reino incluye los
miembros de la asamblea, y que la asamblea se compone de miembros del reino.
Otros declaran que la asamblea es la forma visible del reino de Cristo, pero
algunos creen que es la forma invisible y a la vez reconocen que la forma
invisible tiene sus formas visibles. Así, la discusión caliente continúa sin
luz espiritual.
Se puede entender la asamblea en un doble sentido
— la asamblea universal y las asambleas locales. Pero el reino no se puede
dividir en reinos locales. La palabra asamblea se usa en el sentido de incluir
todos los que están siendo progresivamente añadidos a la asamblea por
Jesucristo. El verbo “edificaré” de “edificaré mi iglesia [asamblea]” (Mat.
16:18) es progresivo futuro activo indicativo del verbo oikodomeo. Así que,
denota que Cristo está continuamente edificando Su asamblea durante el período
del tiempo entre Sus dos venidas. La palabra asamblea se usa también en el
sentido de una asamblea local (Mat. 18:15-20). Cada asamblea local tiene la
responsabilidad de congregarse en el tiempo designado por Dios para adorar y
resolver sus problemas cuando vengan. Las asambleas locales pueden aumentar y
disminuir según las circunstancias de la providencia Divina, pero la asamblea
que Cristo continúa edificando aumenta pero nunca disminuye. Por otra parte, la
palabra “reino” nunca se puede usar en el sentido de asambleas locales, porque
Cristo no tiene reinos en el sentido que Él tiene asambleas y anda entre ellas
(Apoc. 1:13). Los reinos de este mundo no se pueden igualar con las asambleas
de Cristo (Rom. 16:16). La Escritura nunca dice que los reinos saludan a
Cristo. Solo hay cuatro referencias donde se usa la palabra reino en el número
plural, y ellas refieren a los reinos de este mundo (Mat. 4:8; Luc. 4:5; Heb.
11:33; Apoc. 11:15).
La Iglesia como heredera del Reino
Los Cristianos pertenecen a la asamblea que
Cristo está edificando, pero somos los herederos del reino futuro. El
sustantivo kleronomia significa propiedad, posesión, lo que es prometido, o una
herencia. Pablo usó este sustantivo cuando habló del Espíritu Santo siendo las
arras (arrabon, prenda o la garantía de lo que ha de venir) de una liberación
futura (Ef. 1:14). Él usó el sustantivo kleronomos, que significa un heredero,
cuando dijo, “Y puesto hijos, también herederos; por una parte herederos de
Dios, por otra parte coherederos con Cristo...” (Rom. 8:17 — traducción). Así
que, el apóstol precedió de la posesión a los posesores. Un heredero es uno que
tiene el derecho de heredar algo, pero un heredero del reino futuro de Cristo
está seguro de que también por el Espíritu de la regeneración él recibirá la
liberación final en o será guardado sin riesgo para el reino que será para
siempre. Las asambleas locales están en el presente, pero el reino es futuro.
Dios es el único agente en Efesios 1:1-14 — (1)
el Padre propuso; (2) el Hijo proveyó los medios para efectuar el propósito del
Padre; y (3) el Espíritu Santo es el vivificador y la promesa de la salvación
completa de los elegidos. Como un heredero recibe legalmente toda la propiedad
asignada a él en una testamento, los elegidos de Dios reciben todo lo que Dios
decretó para ellos en la muerte de Jesucristo. (Véase Heb. 9:11-28.) Como los
elegidos reciben la vida eterna por el derecho de la herencia garantizada por
la muerte de Cristo en el Calvario, Cristo vive como el ejecutor para efectuar
Su voluntad: “Por otro tanto también, Jesús ha llegado a ser [perfecto activo
indicativo de ginomai, que significa Jesús ha llegado a ser permanentemente]
fiador [egguos, un adjetivo actuando como un sustantivo, usado solamente aquí
en el Nuevo Testamento como un adjetivo pronominal] de un mejor pacto” (Heb.
7:22 — traducción). El carácter inmutable del sacerdocio de Cristo da una
garantía permanente de un mejor pacto. El lado legal de afianzamiento es más
fuerte cuando el fiador llega a ser el sustituto para el deudor por tener la
deuda cobrada a sí mismo y el deudor liberado. Ambos la vida eterna y el reino
son garantizados a los elegidos. La Escritura dice, “Entonces el Rey dirá a los
de su derecha: Venid, vosotros que habéis sido bendecidos [perfecto pasivo
participio de eulogeo, habiendo sido permanentemente bendecidos] de mi Padre,
venid a la posesión del reino que ha sido preparado [perfecto pasivo participio
de hetoimadzo, que significa ha sido preparado permanentemente] para vosotros
desde la fundación del mundo” (Mat. 25:34 — traducción). El reino es preparado
permanentemente porque las ovejas son permanentemente bendecidas. Estos dos
verbos perfectos pasivos participios (acción completa en el tiempo pasado con
un estado resultante de ser) dan a los Cristianos judíos y gentiles una
esperanza que nunca los avergonzará (Mat. 25:34; I Tes. 2:12). Mateo habló a
los judíos, diciéndoles que el reino es garantizado a otros menos a quienes
Jesucristo habló. Su proclamación aplica a los judíos y gentiles elegidos a
quienes Cristo hablará en Su segunda venida.
El Craso error del Catolicismo
Un entendimiento de la naturaleza de ambos el
reino y la asamblea mostrará que ellos no pueden ser términos sinónimos. El
siguiente es un resumen de los puntos de vista importantes de la teoría del
reino/asamblea (reino/iglesia): (1) Los católicos romanos dicen que la Iglesia
Católica Romana es el reino visible de Cristo sobre la tierra. (2) Los
reformadores están unidos en la enseñanza de que la asamblea es universal e
invisible. Ellos toman una posición firme contra la Iglesia Católica Romana.
(3) Muchos que ni son reformadores ni católicos romanos dicen que la asamblea
es la manifestación visible del reino de Dios sobre la tierra. Aquellos que
creen en este punto de vista están divididos entre aquellos que toman un
concepto estricto local y los otros que adoptan el concepto universal/local de
la asamblea. Una cosa que tienen en común es el punto de vista erróneo que las
llaves del reino en Mateo 16:19 denotan la autoridad dada a la asamblea para
ser ejercida por ella sobre la tierra en el tiempo presente.
Habiendo resumido los puntos de vista importantes
de la teoría de reino/asamblea (reino/iglesia), debemos declarar
categóricamente que la asamblea de Cristo en ninguna manera se puede llamar un
reino. La asamblea está siendo llamada fuera; y como los herederos del reino,
estamos siendo preparados para el reino. Además, las “llaves del reino” de
Mateo 16:19 no tienen más que ver con las asambleas locales imperfectas que el
Papa de Roma tiene que ver con la asamblea que Cristo continúa edificando.
Los No Regenerados rechazan el Reinado de Cristo
Aquellos que mal entienden la naturaleza del
reino tienen, según su punto de vista de Mateo 11:12, el no regenerado pasivo
que violentamente entra al reino. Algunos dicen que puesto que el evangelio del
reino se ha predicado, hay una prisa hacia él. Sin embargo, Cristo dijo, “Y no
queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:40); y “ninguno es capaz
venir a mí, a menos que el Padre que me envió le trajere” (Juan 6:44 —
traducción). “...No hay quien busque a Dios” (Rom. 3:11). Así que, los no
regenerados están sin esperanza en el reino venidero, porque el Rey Mismo no
tiene atracción para ellos. “Porque todos que practican cosas malas aborrecen
la luz, y no vienen a la luz, para que sus obras no sean expuestas” (Juan 3:20
— traducción). Durante el ministerio de Jesucristo, el Predicador de todos los
predicadores habló una parábola en la que Él indicó lo que los no regenerados piensan
de Su reinado — “No deseamos que este hombre reine sobre nosotros” (Luc. 19:14
— traducción).
Evidencias de que el Reino es distinto a la
Iglesia
La sustitución del término reino (basileia, que
es reinado) para asamblea (ekklesia, que es un llamar fuera), o viceversa,
donde se encuentran en el Nuevo Testamento probará que ellos no son términos
sinónimos. Hay doce referencias al reino en las Epístolas para las asambleas, y
para sustituir la palabra asamblea para el reino o para hablar del reino/asamblea
(reino/iglesia) en cada ejemplo demostrará cuán ridículo es hacer los términos
uno mismo. Los siguientes son algunos ejemplos de tales sustituciones:
1. Sustituir basileia para ekklesia en Mateo
16:18 — “...tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi ‘reino’....” Puesto
que “edificaré” es la traducción de un verbo griego futuro progresivo, ¿cómo
puede Jesucristo, según aquellos que dicen que el reino ha llegado, continuar
edificando lo que Él ha recibido ya del Padre? (Véase Luc. 19:11-15; II Tim. 4:1.)
2. Sustituir basileia para ekklesia en Filipenses
3:4 y 6 — “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa
que tiene de qué confiar en la carne, yo más.... En cuanto a celo, perseguidor
de la ‘reino’....” ¿Cómo pudiera haber perseguido Pablo el reino de lo que
luego dijo, “Y el Señor me rescatará de toda obra mala, y me preservará [futuro
activo indicativo de sodzo, que significa salvar, liberar, o guardar uno seguro
para] para su reino celestial...” (II Tim. 4:18 — traducción)?
3. Sustituir ekklesia para basileia en Lucas
12:32 — “No temáis, manada pequeña; porque a vuestro Padre le ha placido
[eudokesen, aoristo activo indicativo de eudokeo, que significa tener placer
en, escoger, o determinar] daros ‘la asamblea’.” El Padre escogió (determinó)
dar el reino a Su manada pequeña ya siendo llamada a la asamblea. Por lo tanto,
como los miembros de la asamblea de Cristo que Él está edificando, somos los
herederos del reino. (Véase Sant. 2:5; II Ped. 1:10, 11.)
4. Sustituir ekklesia para basileia en Mateo
16:19 — “Y a ti te daré las llaves de la ‘asamblea’ de los cielos.” Si la
autoridad denotada por las llaves del reino se da a las asambleas del pueblo de
Dios hoy en día, ¿significa que lo que la asamblea atare en la tierra es
entonces atado en los cielos y lo que la asamblea desatare en la tierra
entonces será desatado en los cielos? ¿Es la acción de Dios en los cielos Su
reacción a nuestra acción en la tierra? Puesto que esto se enseña usualmente en
el Cristianismo profesante, no hay que sorprenderse de que los religiosos estén
diciendo al pecador que debe abrir su corazón, dejar entrar a Jesús, etcétera.
Sin embargo, las Escrituras enseñan que la acción del hombre en la tierra es su
reacción a la acción de Dios en los cielos. Cualquier estudiante honesto de la
Escritura sabe que ambos “será atado en los cielos” y “será desatado en los
cielos” son perfectos pasivos participios de los verbos griegos deo y luo, que
se deben traducir “habrá ya sido atado en los cielos” y “habrá ya sido desatado
en los cielos.” Alguien que piensa que la acción de Dios depende en la acción
del hombre no entiende las ciencias de la teología (Dios), la antropología
(hombre), o la soteriología (salvación).
El Reino como Herencia
El reino no es dado a los elegidos en el momento
que nacemos de Dios; pero habiendo llegado a ser creyentes, somos dichos ser
llamados a algo todavía no realizado en la experiencia Cristiana. Siendo
miembros de la asamblea de Cristo, los Cristianos son los herederos mandados a
ser diligentes en hacer firmes nuestra vocación y elección, porque hacer estas
cosas nos será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro
Señor y Salvador Jesucristo (II Ped. 1:10, 11). Los escogidos, redimidos, y
regenerados son legalmente en el reino (Col. 1:13) antes de realmente heredarlo
(Sant. 2:5). Cada persona elegida legalmente pero no literalmente murió con
Jesucristo (Gál. 2:20). Cuando Cristo murió, Su justicia fue imputada a cada
individuo por quien Él murió. Esa justicia es impartida a los elegidos en la
regeneración. Puesto que nunca se podría decir que la “asamblea” es el heredero
de la “asamblea” o el “reino” es el heredero del “reino,” entendemos que
Jesucristo se dio a Sí Mismo por la asamblea que Él está llamando fuera por el
Espíritu Santo de modo que Él, en su terminación, reinará con ella en el reino.
La ekklesia representa lo que Jesucristo está
haciendo entre Sus dos venidas. Lucas dio un informe de la conferencia de
Jerusalén en que nosotros aprendemos lo que presentemente está pasando y lo que
es la esperanza profética del pueblo de Dios (Hech. 15:13-18). Algunos
creyentes judíos insistieron sobre la necesidad de circuncidar a los gentiles.
Los judíos fueron lentos para aprender que la ley se dio no para cumplirse para
salvación sino para probar que no se podría cumplir para ese fin, “porque por
medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom. 3:20). Aunque la
liberación del pecado presupone un cautiverio en lo que toda la humanidad está
involucrada, la salvación no es una recompensa de mérito sino el don de gracia.
En algún punto futuro en el tiempo, Jesucristo
volverá personalmente (Juan 14:1-3; Hech. 1:9-11). Ninguna de las ocho
referencias al reino en el libro de Hechos refiere a un reino establecido. En
Hechos 15:16, el “volveré” es tan literal como el “el tabernáculo [tienda] de
David.” El ministerio presente de Cristo como sumo Sacerdote no está conectado
con el trono de David pero con el trono del Padre (Apoc. 3:21). Es cierto que
en Hechos 15 Santiago trataba con un problema en cuanto a la asamblea
primitiva. Pero él también hacía una declaración profética subsiguiente a la
edad de la asamblea; por lo tanto, él refirió al regreso personal y visible de
Jesucristo. Santiago trató con el hecho que los elegidos judíos y gentiles
salvados después de la primera venida de Jesucristo constituyen la asamblea.
Además, la asamblea más los judíos y los gentiles elegidos quienes serán salvos
en preparación para y en el tiempo del establecimiento del reino en la segunda
venida de Cristo culminarán la obra de Cristo (Hech. 15:14-18; Apoc. 7:4-17).
Puesto que varios puntos de vista de Hechos
15:14-18 son dados por los estudiantes de la profecía, no discutiremos estos en
este punto de nuestro estudio del reino de Dios. Sin embargo, se deben dar dos
cosas importantes: (1) La ekklesia está siendo edificada por Dios por tomar de
los gentiles pueblo para Su nombre (vers. 14). (2) Dios reedificará la tienda o
tabernáculo destruido de David en algún tiempo en el futuro. Por lo tanto, la
reedificación de la tienda de David no puede ser, como muchos afirman, la
asamblea que Dios está usando para predicar el evangelio a los gentiles.
Jesucristo se dio a Sí Mismo por la asamblea, y
Él también hizo provisión para su crecimiento espiritual. El aspecto local de
la asamblea fue débil en el gobierno de la asamblea en su inicio e historia
primitiva porque faltó una forma constituida de gobierno (Hech. 6:1-6; 14:23;
20:28-30; Ef. 4:11-16; I Tim. 5:17-19; Heb. 13:7, 17, 24). Además, las
asambleas locales nunca pueden alcanzar la estatura de fortaleza bajo el
gobierno humano ejecutado por siervos imperfectos en las asambleas locales que
la asamblea completa experimentará bajo el gobierno perfecto por Jesucristo
durante el reino (Isa. 9:6).
La Iglesia no Reemplaza a Israel
La elección no puede pasar de Israel a la
asamblea, así haciendo a la asamblea el nuevo Israel de Dios. Dios no eligió
solamente la nación de Israel, sino también eligió a algunos para la salvación
desde adentro de Israel nacional. Los gentiles escogidos para la salvación son
injertados en la raíz (Israel espiritual) (Rom. 11:17-19) para el propósito de
participar de sus bendiciones espirituales. Así que, la elección de Dios de
algunos para la salvación en Cristo no puede pasar de ellos a otros no más que
la gracia puede pasar de uno a otro. Lo que Dios propuso será hecho; por lo
tanto, todos los que Él propuso salvar fueron conocidos de antemano,
predestinados, y serán llamados, justificados, y glorificados porque a ellos
fueron dados la gracia en Jesucristo antes de los tiempos de los siglos (Rom.
8:28-30; II Tim. 1:9).
La elección se usa más que una manera en la
Escritura; por lo tanto, un tipo de elección no puede transferir a otro de un
tipo diferente. Por ejemplo, la elección de Israel nacional no se puede
transferir a la asamblea. El propósito de Dios es cumplido en cada sentido en
que la elección se usa. Observen unas maneras en que la elección se usa en la
Escritura: (1) Jesucristo fue escogido para ser el buen Pastor, el gran Pastor,
y el Príncipe de los pastores de los que eligió para ser Sus ovejas (I Ped.
2:4, 6; Sal. 22-24; Juan 10:11, 14; Heb. 13:20; I Ped. 5:4). (2) La nación de
Israel se escogió a una relación de pacto para el propósito de dar ambos la
Palabra encarnada y la palabra escrita (Rom. 1:3, 4; 3:1, 2). Además, la nación
se escogió con un vista del reino. Concluyentemente, los pactos y las promesas
se dieron a los judíos (Rom. 9:4, 5). La salvación se dio primeramente a los
judíos y entonces a los gentiles. Los gentiles escogidos heredarán el reino
futuro con los descendientes escogidos de Abraham. (3) Algunos son escogidos de
entre toda la humanidad para ser redimidos por Cristo, para ser regenerados por
el Espíritu Santo, y para llegar a ser herederos del reino. “Bienaventurado el
que tú [el Señor] escogieres...” (Sal. 65:4). Cristo llama a Sus ovejas por sus
propios nombres (Juan 10:3, 16). (4) El escogimiento de Dios a veces significa
la designación temporal de alguna persona o personas al cumplimiento de algún
oficio particular en una asamblea local o en la vida civil, tal como Judas en
el primero (Juan 6:70) y Saúl en el último (I Sam. 10:24). ¿Quién puede decir
que cualquiera de estos escogimientos ha fracasado o fracasará en realizar el
propósito eterno de Dios? Aunque el propósito de Dios ha sido cumplido en ambos
Judas y Saúl, nadie, según Romanos 11 y Apocalipsis 7, puede decir que el
propósito de Dios en Israel nacional ha sido cumplido.
Jesucristo ha ido al cielo para recibir el reino,
no la asamblea, del Padre. Hay poco acuerdo en cuanto al principio del reino
como hay en cuanto al significado del reino. Algunos creen que el reino comenzó
con la primera venida de Cristo; otros creen que comenzó en el día de
Pentecostés; y algunos creen que comenzará en la segunda venida. El reino no ha
sido manifestado, porque el propósito del Padre fue que Su Hijo debería ser
honrado y glorificado en el cielo antes que debería ser honrado sobre la
tierra. Cuando Cristo recibe el reino, no estará del lado terrenal sino del lado
celestial. Así, Lucas 19 enfatiza el recibir del Señor arriba al cielo. Él ha
ido al cielo para recibir Su reino del Padre, no de los religiosos que siempre
hablan del introducir el reino.
La parábola del hombre noble se añadió al mensaje
de Cristo en cuanto al propósito de Su primera venida. Siguiendo Su declaración
que Él vino “a buscar y salvar lo que ha sido perdido [apololos, perfecto
activo participio de apollumi, perder o ser perdido]” (Luc. 19:10 —
traducción), Cristo se representó a Sí Mismo como un hombre noble que “se fue a
un país lejano para recibir [labein, aoristo activo infinitivo de lambano,
recibir, para obtener el derecho de] para sí mismo [heauto, dativo masculino
singular pronombre de heautou, un pronombre reflexivo significando sí mismo que
hace la voz media posible] un reino, y volver” (Luc. 19:12 — traducción).
El Reino se hará realidad en la Segunda Venida de
Cristo
La segunda venida de Cristo es la esperanza
bienaventurada de la asamblea (Tito 2:13). La esperanza del Cristiano incluye
la venida de Cristo y Su reino que son amalgamados en II Timoteo 4:1. Si el
reino estuviera ya presente, como muchos declaran, “la esperanza que se ve no
es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿por qué también lo espera?” (Rom. 8:24
— traducción). Aquellos que dicen que el reino no vendrá con advertencia añaden
más confusión a lo que ya causa confusión por decir que esto prueba que es un
reino espiritual. Así que, ellos tienen un rey espiritual no visto que reina
sobre un reino espiritual no visto compuesto de súbditos espirituales no
vistos. Concluyentemente, en la distinción entre el reino y la asamblea, ¿cómo
puede la gente que dice que ya está en el reino orar por su venida? Cristo
enseñó a Sus discípulos a orar, “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra” (Mat. 6:10). El reino de Cristo no vendrá a la
tierra hasta que Él termine Su asamblea. La esperanza bienaventurada de los
Cristianos de Jesucristo y Su reino nunca nos avergonzará.
Durante la primera venida de Jesucristo, el
Salvador dejó a un lado a Israel nacional hasta Su segunda venida. Según Mateo
16, los judíos fueron conocedores de las señales del tiempo; pero ellos fueron
espiritualmente incapaces de discernir las señales que relacionan con la
Persona de Jesucristo. La inteligencia natural puede entender los fenómenos
naturales, pero solamente la mente espiritual puede comprender los hechos
espirituales en cuanto a la Persona y la Obra del Hijo del Dios viviente. Los
primeros versículos de Mateo 16 manifiestan la ceguera de los corazones
religiosamente depravados de los fariseos y los saduceos. Cristo les había
dicho, “Señal no le será dada sino la señal del profeta Jonás” (Mat. 12:39).
Esta fue una profecía de Su muerte, sepultura, y resurrección. Por lo tanto,
ninguna señal mayor se puede dar para validar Su Persona y Obra, así probando
que la “salvación es de Jehová” (Jon. 2:9).
viernes, 2 de mayo de 2014
Importancia de la Cena del Señor
"¿Cuál
es la importancia de la Cena del Señor / Comunión Cristiana?"
Un estudio de la Cena del Señor es una
experiencia que estremece el alma por el profundo significado que representa.
Fue durante la antigua celebración de la Pascua, en la tarde de Su muerte que
Jesús le dio el nuevo significado de “comida en hermandad” que observamos en
nuestros días, y es la más alta expresión de la adoración cristiana. Es un
“acto independiente del sermón,” donde recordamos la muerte y resurrección del
Señor, mirando hacia el futuro, esperando Su regreso en gloria.
La Pascua era la festividad anual más sagrada de la religión judía. Conmemoraba la última plaga en Egipto, cuando los primogénitos de los egipcios murieron y los israelitas fueron perdonados por la sangre del cordero que fue rociada en los postes de sus puertas. El cordero entonces fue asado y comido con pan sin levadura. El mandato de Dios era que esta festividad fuera celebrada a través de todas las generaciones futuras. La historia es recordada en Éxodo 12.
Durante la celebración, Jesús y Sus discípulos cantaron juntos uno o más de los Salmos Aleluya (Salmos 111 – 118). Jesús, tomando la hogaza de pan, dio gracias a Dios. Mientras partía el pan y se los daba, Él dijo, “Tomad, comed; esto es Mi cuerpo que por vosotros es partido.” Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado. Les dio la copa, y bebiendo ellos de ella, Él dijo; “Esta copa es el Nuevo Pacto en Mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis en memoria de Mí.” Después Él concluyó la fiesta cantando un himno y todos salieron esa noche al Monte de los Olivos. Fue ahí donde Jesús fue traicionado por Judas, como se predijo. El día siguiente Él fue crucificado.
Los relatos de la Cena del Señor se encuentran en los Evangelios de Mateo 26:26-29, Marcos 14:17-25, Lucas 22:7-22, y Juan 13:21-30. El apóstol Pablo escribió sobre la Cena del Señor, por revelación divina, en 1 Corintios 11:23-29. (Esto fue porque Pablo, desde luego, no estuvo en el aposento alto cuando Cristo la instituyó.) Pablo incluye una declaración que no se encuentra en los Evangelios: “De manera que cualquiera que comiere de este pan o bebiere de esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.” (11:27-29) Podríamos preguntar qué significa el participar del partimiento del pan y de la copa “de manera indigna”. Puede significar el tomar con indiferencia el verdadero significado del pan y de la copa, olvidando el tremendo precio que nuestro Salvador pagó por nuestra salvación. O puede significar el permitir que la ceremonia se vuelva un ritual muerto y rutinario, o venir a la Mesa con un pecado inconfeso. Para guardar la instrucción de Pablo, cada uno debe examinarse a sí mismo antes de comer del pan y beber de la copa, tomando en cuenta la advertencia.
Otra declaración que hace Pablo, y que no está incluida en los Evangelios es, “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga.” (1 Corintios 11:26) Esto establece un tiempo límite para la ceremonia – hasta que Él venga. De estas breves declaraciones, aprendemos cómo utilizó Jesús dos de los elementos más frágiles como símbolos de Su cuerpo y sangre, y los instituyó como un monumento a Su muerte. No fue un monumento de mármol tallado o figuras de bronce, sino de pan y jugo de uva.
Él declaró que el pan simbolizaba Su cuerpo, el cual sería partido – ningún hueso Suyo fue quebrado, pero Su cuerpo fue tan terriblemente flagelado que apenas era reconocible (Salmo 22:12-17; Isaías 53:4-7). El jugo de uva hablaba de Su sangre, indicando la terrible muerte que en breve Él experimentaría. Él, el perfecto Hijo de Dios, se convirtió en el cumplimiento de incontables profecías del Antiguo Testamento concernientes al Redentor. (Génesis 3:15; Salmo 22; Isaías 53, etc.) Cuando Él dijo: “Haced esto en memoria de Mí”, Jesús indicó que esta era una ceremonia que debía ser practicada en el futuro. También indicaba que la Pascua, que requería la muerte de un cordero y señalaba al futuro la venida del Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo, era ahora obsoleta. El Nuevo Pacto tomó su lugar cuando Cristo, el Cordero de Pascua, fue sacrificado (1 Corintios 5:7; Hebreos 8:8-13). Este sistema sacrificial ya no era necesario (Hebreos 9:25-28).
La Pascua era la festividad anual más sagrada de la religión judía. Conmemoraba la última plaga en Egipto, cuando los primogénitos de los egipcios murieron y los israelitas fueron perdonados por la sangre del cordero que fue rociada en los postes de sus puertas. El cordero entonces fue asado y comido con pan sin levadura. El mandato de Dios era que esta festividad fuera celebrada a través de todas las generaciones futuras. La historia es recordada en Éxodo 12.
Durante la celebración, Jesús y Sus discípulos cantaron juntos uno o más de los Salmos Aleluya (Salmos 111 – 118). Jesús, tomando la hogaza de pan, dio gracias a Dios. Mientras partía el pan y se los daba, Él dijo, “Tomad, comed; esto es Mi cuerpo que por vosotros es partido.” Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado. Les dio la copa, y bebiendo ellos de ella, Él dijo; “Esta copa es el Nuevo Pacto en Mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis en memoria de Mí.” Después Él concluyó la fiesta cantando un himno y todos salieron esa noche al Monte de los Olivos. Fue ahí donde Jesús fue traicionado por Judas, como se predijo. El día siguiente Él fue crucificado.
Los relatos de la Cena del Señor se encuentran en los Evangelios de Mateo 26:26-29, Marcos 14:17-25, Lucas 22:7-22, y Juan 13:21-30. El apóstol Pablo escribió sobre la Cena del Señor, por revelación divina, en 1 Corintios 11:23-29. (Esto fue porque Pablo, desde luego, no estuvo en el aposento alto cuando Cristo la instituyó.) Pablo incluye una declaración que no se encuentra en los Evangelios: “De manera que cualquiera que comiere de este pan o bebiere de esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.” (11:27-29) Podríamos preguntar qué significa el participar del partimiento del pan y de la copa “de manera indigna”. Puede significar el tomar con indiferencia el verdadero significado del pan y de la copa, olvidando el tremendo precio que nuestro Salvador pagó por nuestra salvación. O puede significar el permitir que la ceremonia se vuelva un ritual muerto y rutinario, o venir a la Mesa con un pecado inconfeso. Para guardar la instrucción de Pablo, cada uno debe examinarse a sí mismo antes de comer del pan y beber de la copa, tomando en cuenta la advertencia.
Otra declaración que hace Pablo, y que no está incluida en los Evangelios es, “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que Él venga.” (1 Corintios 11:26) Esto establece un tiempo límite para la ceremonia – hasta que Él venga. De estas breves declaraciones, aprendemos cómo utilizó Jesús dos de los elementos más frágiles como símbolos de Su cuerpo y sangre, y los instituyó como un monumento a Su muerte. No fue un monumento de mármol tallado o figuras de bronce, sino de pan y jugo de uva.
Él declaró que el pan simbolizaba Su cuerpo, el cual sería partido – ningún hueso Suyo fue quebrado, pero Su cuerpo fue tan terriblemente flagelado que apenas era reconocible (Salmo 22:12-17; Isaías 53:4-7). El jugo de uva hablaba de Su sangre, indicando la terrible muerte que en breve Él experimentaría. Él, el perfecto Hijo de Dios, se convirtió en el cumplimiento de incontables profecías del Antiguo Testamento concernientes al Redentor. (Génesis 3:15; Salmo 22; Isaías 53, etc.) Cuando Él dijo: “Haced esto en memoria de Mí”, Jesús indicó que esta era una ceremonia que debía ser practicada en el futuro. También indicaba que la Pascua, que requería la muerte de un cordero y señalaba al futuro la venida del Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo, era ahora obsoleta. El Nuevo Pacto tomó su lugar cuando Cristo, el Cordero de Pascua, fue sacrificado (1 Corintios 5:7; Hebreos 8:8-13). Este sistema sacrificial ya no era necesario (Hebreos 9:25-28).
21 Razones que reinaremos con Cristo
21 RAZONES POR LAS CUALES SABEMOS QUE REINAREMOS
CON CRISTO
1.- Porque somos hijos de Dios, y coherederos con Cristo.
2.- Porque
somos miembros del cuerpo Ungido (iglesia) de Cristo.
3.- Porque
hemos sido santificados para reinar con Cristo.
4.- Porque hemos
sido llamados para ser resucitados a la semejanza de Cristo.
5.- Porque
seguimos las pisadas de Cristo lealmente hasta la muerte.
6.- Porque
somos hermanos de Cristo.
7.- Porque nos
ofreció un reino para que comamos y bebamos con él en su mesa.
8.- Porque
somos nacidos de nuevo por agua y espíritu.
9.- Porque
somos guiados por el Espíritu Santo de la adopción.
10.- Porque
hemos lavado nuestras ropas con su sangre preciosa, la sangre del nuevo pacto.
11.- Porque
Dios nos hizo sentar con Cristo en los lugares celestiales.
12.- Porque El
Señor ya no nos llama siervos, sino amigos, y los amigos andan juntos, no
alejados.
13.- Porque
Jesús prometió volver y estar con nosotros en el mismo lugar donde él estaba.
14.- Porque
hemos escuchado el llamado celestial por el evangelio.
15.- Porque no
ha prometido darnos la inmortalidad en la gloria.
16.- Porque
somos un reino de sacerdotes y nuestra ciudadanía y tesoros están en el cielo.
17.- Porque nos
ha dado grandiosas y preciosas promesas (una salvación tan grande) las cuales
ningún hombre ha podido jamás imaginarse.
18.- Porque
seremos arrebatados para recibir al Señor en el aire y así estaremos para
siempre con él.
19.- Porque el
Señor le pidió al Padre que los suyos estén con él en el mismo lugar donde él
está.
2o.- Porque
somos simiente de Abraham al igual que Cristo por la fe.
21.- Porque
hemos sido llamados a una misma esperanza de vuestra vocación celestial.
miércoles, 23 de abril de 2014
Fallecimiento de mi madre
Para conocimiento de amistades y allegados e
incluso familiares , que de alguna manera esten alejados de nosotros, les pongo
en conocimiento con gran dolor del fallecimiento de mi madre QUISQUEYA
RODRIGUEZ VDA. SUAREZ. Fallecida este pasado domingo 20 de los corrientes.
Mi consolacion y paz ha sido el hecho de que
era una sierva de Dios, y se que puso fin a sus sufrimientos aquí en la tierra
para ir al descando, con la promesa de ser levantada para vida eterna. La unidad
y apoyo de mis hermanos en Cristo ha sido grande y valiosa, también la de mi
familia que en todo momento estuvo con mi madre, los amo mucho. Descansa en paz, Mami !
Les dejo una foto, tomada en diciembre del
2010, en la Iglesia de Cristo, Parkville. San Juan Puerto Rico.
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