sábado, 20 de septiembre de 2014

LA DISTINCIÓN ENTRE EL REINO Y LA ASAMBLEA (IGLESIA)

Aqui les tengo un articulo del Apologista, que recibi en febrero del 2010, con relacion al concepto de REINO Y ASAMBLEA, son iguales o diferentes.
Lo someto a consideracion de ustedes:




Reino e Iglesia--¿Són sinónimos?

Muchos creen que los términos “reino” y “asamblea” (iglesia) son sinónimos. Ellos dicen que el reino incluye los miembros de la asamblea, y que la asamblea se compone de miembros del reino. Otros declaran que la asamblea es la forma visible del reino de Cristo, pero algunos creen que es la forma invisible y a la vez reconocen que la forma invisible tiene sus formas visibles. Así, la discusión caliente continúa sin luz espiritual.

Se puede entender la asamblea en un doble sentido — la asamblea universal y las asambleas locales. Pero el reino no se puede dividir en reinos locales. La palabra asamblea se usa en el sentido de incluir todos los que están siendo progresivamente añadidos a la asamblea por Jesucristo. El verbo “edificaré” de “edificaré mi iglesia [asamblea]” (Mat. 16:18) es progresivo futuro activo indicativo del verbo oikodomeo. Así que, denota que Cristo está continuamente edificando Su asamblea durante el período del tiempo entre Sus dos venidas. La palabra asamblea se usa también en el sentido de una asamblea local (Mat. 18:15-20). Cada asamblea local tiene la responsabilidad de congregarse en el tiempo designado por Dios para adorar y resolver sus problemas cuando vengan. Las asambleas locales pueden aumentar y disminuir según las circunstancias de la providencia Divina, pero la asamblea que Cristo continúa edificando aumenta pero nunca disminuye. Por otra parte, la palabra “reino” nunca se puede usar en el sentido de asambleas locales, porque Cristo no tiene reinos en el sentido que Él tiene asambleas y anda entre ellas (Apoc. 1:13). Los reinos de este mundo no se pueden igualar con las asambleas de Cristo (Rom. 16:16). La Escritura nunca dice que los reinos saludan a Cristo. Solo hay cuatro referencias donde se usa la palabra reino en el número plural, y ellas refieren a los reinos de este mundo (Mat. 4:8; Luc. 4:5; Heb. 11:33; Apoc. 11:15).

La Iglesia como heredera del Reino

Los Cristianos pertenecen a la asamblea que Cristo está edificando, pero somos los herederos del reino futuro. El sustantivo kleronomia significa propiedad, posesión, lo que es prometido, o una herencia. Pablo usó este sustantivo cuando habló del Espíritu Santo siendo las arras (arrabon, prenda o la garantía de lo que ha de venir) de una liberación futura (Ef. 1:14). Él usó el sustantivo kleronomos, que significa un heredero, cuando dijo, “Y puesto hijos, también herederos; por una parte herederos de Dios, por otra parte coherederos con Cristo...” (Rom. 8:17 — traducción). Así que, el apóstol precedió de la posesión a los posesores. Un heredero es uno que tiene el derecho de heredar algo, pero un heredero del reino futuro de Cristo está seguro de que también por el Espíritu de la regeneración él recibirá la liberación final en o será guardado sin riesgo para el reino que será para siempre. Las asambleas locales están en el presente, pero el reino es futuro.

Dios es el único agente en Efesios 1:1-14 — (1) el Padre propuso; (2) el Hijo proveyó los medios para efectuar el propósito del Padre; y (3) el Espíritu Santo es el vivificador y la promesa de la salvación completa de los elegidos. Como un heredero recibe legalmente toda la propiedad asignada a él en una testamento, los elegidos de Dios reciben todo lo que Dios decretó para ellos en la muerte de Jesucristo. (Véase Heb. 9:11-28.) Como los elegidos reciben la vida eterna por el derecho de la herencia garantizada por la muerte de Cristo en el Calvario, Cristo vive como el ejecutor para efectuar Su voluntad: “Por otro tanto también, Jesús ha llegado a ser [perfecto activo indicativo de ginomai, que significa Jesús ha llegado a ser permanentemente] fiador [egguos, un adjetivo actuando como un sustantivo, usado solamente aquí en el Nuevo Testamento como un adjetivo pronominal] de un mejor pacto” (Heb. 7:22 —  traducción). El carácter inmutable del sacerdocio de Cristo da una garantía permanente de un mejor pacto. El lado legal de afianzamiento es más fuerte cuando el fiador llega a ser el sustituto para el deudor por tener la deuda cobrada a sí mismo y el deudor liberado. Ambos la vida eterna y el reino son garantizados a los elegidos. La Escritura dice, “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, vosotros que habéis sido bendecidos [perfecto pasivo participio de eulogeo, habiendo sido permanentemente bendecidos] de mi Padre, venid a la posesión del reino que ha sido preparado [perfecto pasivo participio de hetoimadzo, que significa ha sido preparado permanentemente] para vosotros desde la fundación del mundo” (Mat. 25:34 — traducción). El reino es preparado permanentemente porque las ovejas son permanentemente bendecidas. Estos dos verbos perfectos pasivos participios (acción completa en el tiempo pasado con un estado resultante de ser) dan a los Cristianos judíos y gentiles una esperanza que nunca los avergonzará (Mat. 25:34; I Tes. 2:12). Mateo habló a los judíos, diciéndoles que el reino es garantizado a otros menos a quienes Jesucristo habló. Su proclamación aplica a los judíos y gentiles elegidos a quienes Cristo hablará en Su segunda venida.

El Craso error del Catolicismo

Un entendimiento de la naturaleza de ambos el reino y la asamblea mostrará que ellos no pueden ser términos sinónimos. El siguiente es un resumen de los puntos de vista importantes de la teoría del reino/asamblea (reino/iglesia): (1) Los católicos romanos dicen que la Iglesia Católica Romana es el reino visible de Cristo sobre la tierra. (2) Los reformadores están unidos en la enseñanza de que la asamblea es universal e invisible. Ellos toman una posición firme contra la Iglesia Católica Romana. (3) Muchos que ni son reformadores ni católicos romanos dicen que la asamblea es la manifestación visible del reino de Dios sobre la tierra. Aquellos que creen en este punto de vista están divididos entre aquellos que toman un concepto estricto local y los otros que adoptan el concepto universal/local de la asamblea. Una cosa que tienen en común es el punto de vista erróneo que las llaves del reino en Mateo 16:19 denotan la autoridad dada a la asamblea para ser ejercida por ella sobre la tierra en el tiempo presente.

Habiendo resumido los puntos de vista importantes de la teoría de reino/asamblea (reino/iglesia), debemos declarar categóricamente que la asamblea de Cristo en ninguna manera se puede llamar un reino. La asamblea está siendo llamada fuera; y como los herederos del reino, estamos siendo preparados para el reino. Además, las “llaves del reino” de Mateo 16:19 no tienen más que ver con las asambleas locales imperfectas que el Papa de Roma tiene que ver con la asamblea que Cristo continúa edificando.

Los No Regenerados rechazan el Reinado de Cristo

Aquellos que mal entienden la naturaleza del reino tienen, según su punto de vista de Mateo 11:12, el no regenerado pasivo que violentamente entra al reino. Algunos dicen que puesto que el evangelio del reino se ha predicado, hay una prisa hacia él. Sin embargo, Cristo dijo, “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:40); y “ninguno es capaz venir a mí, a menos que el Padre que me envió le trajere” (Juan 6:44 — traducción). “...No hay quien busque a Dios” (Rom. 3:11). Así que, los no regenerados están sin esperanza en el reino venidero, porque el Rey Mismo no tiene atracción para ellos. “Porque todos que practican cosas malas aborrecen la luz, y no vienen a la luz, para que sus obras no sean expuestas” (Juan 3:20 — traducción). Durante el ministerio de Jesucristo, el Predicador de todos los predicadores habló una parábola en la que Él indicó lo que los no regenerados piensan de Su reinado — “No deseamos que este hombre reine sobre nosotros” (Luc. 19:14 — traducción).

Evidencias de que el Reino es distinto a la Iglesia

La sustitución del término reino (basileia, que es reinado) para asamblea (ekklesia, que es un llamar fuera), o viceversa, donde se encuentran en el Nuevo Testamento probará que ellos no son términos sinónimos. Hay doce referencias al reino en las Epístolas para las asambleas, y para sustituir la palabra asamblea para el reino o para hablar del reino/asamblea (reino/iglesia) en cada ejemplo demostrará cuán ridículo es hacer los términos uno mismo. Los siguientes son algunos ejemplos de tales sustituciones:

1. Sustituir basileia para ekklesia en Mateo 16:18 — “...tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi ‘reino’....” Puesto que “edificaré” es la traducción de un verbo griego futuro progresivo, ¿cómo puede Jesucristo, según aquellos que dicen que el reino ha llegado, continuar edificando lo que Él ha recibido ya del Padre? (Véase Luc. 19:11-15; II Tim. 4:1.)

2. Sustituir basileia para ekklesia en Filipenses 3:4 y 6 — “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más.... En cuanto a celo, perseguidor de la ‘reino’....” ¿Cómo pudiera haber perseguido Pablo el reino de lo que luego dijo, “Y el Señor me rescatará de toda obra mala, y me preservará [futuro activo indicativo de sodzo, que significa salvar, liberar, o guardar uno seguro para] para su reino celestial...” (II Tim. 4:18 — traducción)?

3. Sustituir ekklesia para basileia en Lucas 12:32 — “No temáis, manada pequeña; porque a vuestro Padre le ha placido [eudokesen, aoristo activo indicativo de eudokeo, que significa tener placer en, escoger, o determinar] daros ‘la asamblea’.” El Padre escogió (determinó) dar el reino a Su manada pequeña ya siendo llamada a la asamblea. Por lo tanto, como los miembros de la asamblea de Cristo que Él está edificando, somos los herederos del reino. (Véase Sant. 2:5; II Ped. 1:10, 11.)

4. Sustituir ekklesia para basileia en Mateo 16:19 — “Y a ti te daré las llaves de la ‘asamblea’ de los cielos.” Si la autoridad denotada por las llaves del reino se da a las asambleas del pueblo de Dios hoy en día, ¿significa que lo que la asamblea atare en la tierra es entonces atado en los cielos y lo que la asamblea desatare en la tierra entonces será desatado en los cielos? ¿Es la acción de Dios en los cielos Su reacción a nuestra acción en la tierra? Puesto que esto se enseña usualmente en el Cristianismo profesante, no hay que sorprenderse de que los religiosos estén diciendo al pecador que debe abrir su corazón, dejar entrar a Jesús, etcétera. Sin embargo, las Escrituras enseñan que la acción del hombre en la tierra es su reacción a la acción de Dios en los cielos. Cualquier estudiante honesto de la Escritura sabe que ambos “será atado en los cielos” y “será desatado en los cielos” son perfectos pasivos participios de los verbos griegos deo y luo, que se deben traducir “habrá ya sido atado en los cielos” y “habrá ya sido desatado en los cielos.” Alguien que piensa que la acción de Dios depende en la acción del hombre no entiende las ciencias de la teología (Dios), la antropología (hombre), o la soteriología (salvación).

El Reino como Herencia

El reino no es dado a los elegidos en el momento que nacemos de Dios; pero habiendo llegado a ser creyentes, somos dichos ser llamados a algo todavía no realizado en la experiencia Cristiana. Siendo miembros de la asamblea de Cristo, los Cristianos son los herederos mandados a ser diligentes en hacer firmes nuestra vocación y elección, porque hacer estas cosas nos será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (II Ped. 1:10, 11). Los escogidos, redimidos, y regenerados son legalmente en el reino (Col. 1:13) antes de realmente heredarlo (Sant. 2:5). Cada persona elegida legalmente pero no literalmente murió con Jesucristo (Gál. 2:20). Cuando Cristo murió, Su justicia fue imputada a cada individuo por quien Él murió. Esa justicia es impartida a los elegidos en la regeneración. Puesto que nunca se podría decir que la “asamblea” es el heredero de la “asamblea” o el “reino” es el heredero del “reino,” entendemos que Jesucristo se dio a Sí Mismo por la asamblea que Él está llamando fuera por el Espíritu Santo de modo que Él, en su terminación, reinará con ella en el reino.

La ekklesia representa lo que Jesucristo está haciendo entre Sus dos venidas. Lucas dio un informe de la conferencia de Jerusalén en que nosotros aprendemos lo que presentemente está pasando y lo que es la esperanza profética del pueblo de Dios (Hech. 15:13-18). Algunos creyentes judíos insistieron sobre la necesidad de circuncidar a los gentiles. Los judíos fueron lentos para aprender que la ley se dio no para cumplirse para salvación sino para probar que no se podría cumplir para ese fin, “porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom. 3:20). Aunque la liberación del pecado presupone un cautiverio en lo que toda la humanidad está involucrada, la salvación no es una recompensa de mérito sino el don de gracia.

En algún punto futuro en el tiempo, Jesucristo volverá personalmente (Juan 14:1-3; Hech. 1:9-11). Ninguna de las ocho referencias al reino en el libro de Hechos refiere a un reino establecido. En Hechos 15:16, el “volveré” es tan literal como el “el tabernáculo [tienda] de David.” El ministerio presente de Cristo como sumo Sacerdote no está conectado con el trono de David pero con el trono del Padre (Apoc. 3:21). Es cierto que en Hechos 15 Santiago trataba con un problema en cuanto a la asamblea primitiva. Pero él también hacía una declaración profética subsiguiente a la edad de la asamblea; por lo tanto, él refirió al regreso personal y visible de Jesucristo. Santiago trató con el hecho que los elegidos judíos y gentiles salvados después de la primera venida de Jesucristo constituyen la asamblea. Además, la asamblea más los judíos y los gentiles elegidos quienes serán salvos en preparación para y en el tiempo del establecimiento del reino en la segunda venida de Cristo culminarán la obra de Cristo (Hech. 15:14-18; Apoc. 7:4-17).

Puesto que varios puntos de vista de Hechos 15:14-18 son dados por los estudiantes de la profecía, no discutiremos estos en este punto de nuestro estudio del reino de Dios. Sin embargo, se deben dar dos cosas importantes: (1) La ekklesia está siendo edificada por Dios por tomar de los gentiles pueblo para Su nombre (vers. 14). (2) Dios reedificará la tienda o tabernáculo destruido de David en algún tiempo en el futuro. Por lo tanto, la reedificación de la tienda de David no puede ser, como muchos afirman, la asamblea que Dios está usando para predicar el evangelio a los gentiles.

Jesucristo se dio a Sí Mismo por la asamblea, y Él también hizo provisión para su crecimiento espiritual. El aspecto local de la asamblea fue débil en el gobierno de la asamblea en su inicio e historia primitiva porque faltó una forma constituida de gobierno (Hech. 6:1-6; 14:23; 20:28-30; Ef. 4:11-16; I Tim. 5:17-19; Heb. 13:7, 17, 24). Además, las asambleas locales nunca pueden alcanzar la estatura de fortaleza bajo el gobierno humano ejecutado por siervos imperfectos en las asambleas locales que la asamblea completa experimentará bajo el gobierno perfecto por Jesucristo durante el reino (Isa. 9:6).

La Iglesia no Reemplaza a Israel

La elección no puede pasar de Israel a la asamblea, así haciendo a la asamblea el nuevo Israel de Dios. Dios no eligió solamente la nación de Israel, sino también eligió a algunos para la salvación desde adentro de Israel nacional. Los gentiles escogidos para la salvación son injertados en la raíz (Israel espiritual) (Rom. 11:17-19) para el propósito de participar de sus bendiciones espirituales. Así que, la elección de Dios de algunos para la salvación en Cristo no puede pasar de ellos a otros no más que la gracia puede pasar de uno a otro. Lo que Dios propuso será hecho; por lo tanto, todos los que Él propuso salvar fueron conocidos de antemano, predestinados, y serán llamados, justificados, y glorificados porque a ellos fueron dados la gracia en Jesucristo antes de los tiempos de los siglos (Rom. 8:28-30; II Tim. 1:9).

La elección se usa más que una manera en la Escritura; por lo tanto, un tipo de elección no puede transferir a otro de un tipo diferente. Por ejemplo, la elección de Israel nacional no se puede transferir a la asamblea. El propósito de Dios es cumplido en cada sentido en que la elección se usa. Observen unas maneras en que la elección se usa en la Escritura: (1) Jesucristo fue escogido para ser el buen Pastor, el gran Pastor, y el Príncipe de los pastores de los que eligió para ser Sus ovejas (I Ped. 2:4, 6; Sal. 22-24; Juan 10:11, 14; Heb. 13:20; I Ped. 5:4). (2) La nación de Israel se escogió a una relación de pacto para el propósito de dar ambos la Palabra encarnada y la palabra escrita (Rom. 1:3, 4; 3:1, 2). Además, la nación se escogió con un vista del reino. Concluyentemente, los pactos y las promesas se dieron a los judíos (Rom. 9:4, 5). La salvación se dio primeramente a los judíos y entonces a los gentiles. Los gentiles escogidos heredarán el reino futuro con los descendientes escogidos de Abraham. (3) Algunos son escogidos de entre toda la humanidad para ser redimidos por Cristo, para ser regenerados por el Espíritu Santo, y para llegar a ser herederos del reino. “Bienaventurado el que tú [el Señor] escogieres...” (Sal. 65:4). Cristo llama a Sus ovejas por sus propios nombres (Juan 10:3, 16). (4) El escogimiento de Dios a veces significa la designación temporal de alguna persona o personas al cumplimiento de algún oficio particular en una asamblea local o en la vida civil, tal como Judas en el primero (Juan 6:70) y Saúl en el último (I Sam. 10:24). ¿Quién puede decir que cualquiera de estos escogimientos ha fracasado o fracasará en realizar el propósito eterno de Dios? Aunque el propósito de Dios ha sido cumplido en ambos Judas y Saúl, nadie, según Romanos 11 y Apocalipsis 7, puede decir que el propósito de Dios en Israel nacional ha sido cumplido.

Jesucristo ha ido al cielo para recibir el reino, no la asamblea, del Padre. Hay poco acuerdo en cuanto al principio del reino como hay en cuanto al significado del reino. Algunos creen que el reino comenzó con la primera venida de Cristo; otros creen que comenzó en el día de Pentecostés; y algunos creen que comenzará en la segunda venida. El reino no ha sido manifestado, porque el propósito del Padre fue que Su Hijo debería ser honrado y glorificado en el cielo antes que debería ser honrado sobre la tierra. Cuando Cristo recibe el reino, no estará del lado terrenal sino del lado celestial. Así, Lucas 19 enfatiza el recibir del Señor arriba al cielo. Él ha ido al cielo para recibir Su reino del Padre, no de los religiosos que siempre hablan del introducir el reino.

La parábola del hombre noble se añadió al mensaje de Cristo en cuanto al propósito de Su primera venida. Siguiendo Su declaración que Él vino “a buscar y salvar lo que ha sido perdido [apololos, perfecto activo participio de apollumi, perder o ser perdido]” (Luc. 19:10 — traducción), Cristo se representó a Sí Mismo como un hombre noble que “se fue a un país lejano para recibir [labein, aoristo activo infinitivo de lambano, recibir, para obtener el derecho de] para sí mismo [heauto, dativo masculino singular pronombre de heautou, un pronombre reflexivo significando sí mismo que hace la voz media posible] un reino, y volver” (Luc. 19:12 — traducción).

El Reino se hará realidad en la Segunda Venida de Cristo

La segunda venida de Cristo es la esperanza bienaventurada de la asamblea (Tito 2:13). La esperanza del Cristiano incluye la venida de Cristo y Su reino que son amalgamados en II Timoteo 4:1. Si el reino estuviera ya presente, como muchos declaran, “la esperanza que se ve no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿por qué también lo espera?” (Rom. 8:24 — traducción). Aquellos que dicen que el reino no vendrá con advertencia añaden más confusión a lo que ya causa confusión por decir que esto prueba que es un reino espiritual. Así que, ellos tienen un rey espiritual no visto que reina sobre un reino espiritual no visto compuesto de súbditos espirituales no vistos. Concluyentemente, en la distinción entre el reino y la asamblea, ¿cómo puede la gente que dice que ya está en el reino orar por su venida? Cristo enseñó a Sus discípulos a orar, “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mat. 6:10). El reino de Cristo no vendrá a la tierra hasta que Él termine Su asamblea. La esperanza bienaventurada de los Cristianos de Jesucristo y Su reino nunca nos avergonzará.

Durante la primera venida de Jesucristo, el Salvador dejó a un lado a Israel nacional hasta Su segunda venida. Según Mateo 16, los judíos fueron conocedores de las señales del tiempo; pero ellos fueron espiritualmente incapaces de discernir las señales que relacionan con la Persona de Jesucristo. La inteligencia natural puede entender los fenómenos naturales, pero solamente la mente espiritual puede comprender los hechos espirituales en cuanto a la Persona y la Obra del Hijo del Dios viviente. Los primeros versículos de Mateo 16 manifiestan la ceguera de los corazones religiosamente depravados de los fariseos y los saduceos. Cristo les había dicho, “Señal no le será dada sino la señal del profeta Jonás” (Mat. 12:39). Esta fue una profecía de Su muerte, sepultura, y resurrección. Por lo tanto, ninguna señal mayor se puede dar para validar Su Persona y Obra, así probando que la “salvación es de Jehová” (Jon. 2:9).